Diagnóstico

Hoy propongo un juego. Es muy sencillo. Sólo hay que responder a una preguntita, tras escuchar la siguiente canción:

Espero que hayas escuchado atentamente. La pregunta es ¿Cuántos músicos (contando los coros) tocan en la canción?
¿Y qué tiene esto que ver con la psicología? Nada, pero me sirve como analogía de una situación que se da mucho en la consulta.
Normalmente, cuando la persona llega a la consulta y expone su problema, lo que el terapeuta escucha es lo que metafóricamente podríamos decir “todo el grupo tocando”; un conjunto de conductas, pensamientos y circunstancias, interactuando entre sí. Aunque nos esforzamos por afinar el oído, en ocasiones “no escuchamos a un músico desafinar con claridad”, sino que percibimos una cierta impresión de que “no se saben muy bien la partitura”. Por eso a veces nos mostramos tan reacios a etiquetar el problema. Somos conscientes de que, a efectos de trabajo y también para aclararle las cosas al cliente, es necesario diagnosticar. La persona se tiene que marchar del despacho con un nombre que poner a su problema y, si es posible, con unas pautas de actuación para comenzar a resolver la situación.
Pero cuando etiquetamos, dejamos fuera una gran cantidad de información, y corremos el riesgo de no tomar en cuenta otros factores importantes. Esto me ha sucedido sobre todo con niños. Los padres esperan que les des “el diagnóstico”, que les digas cuál es el problema que tiene su hijo, para poder corregirlo cuanto antes. Pero muchas veces, sin dejar de existir un problema de conducta o una enfermedad orgánica en el chiquillo, es la actitud y el comportamiento de la familia, del entorno, lo que convierte una anécdota, o una característica de personalidad más o menos importante, en un problema.
Por desgracia, los padres no dudarían en darle un riñón a su hijo pero no están tan dispuestos a quitarse una hora de descanso diaria para “acompañar” al niño con los deberes (ya no digo enseñar ni ayudar, pero sí al menos compartir el tiempo), y mucho menos son capaces de, por ejemplo, renunciar a ganar más dinero a cambio de disfrutar los fines de semana en familia.
El mundo es complicado y cada vez lo es más, todos somos conscientes de ello. Pero estamos aferrándonos a objetivos materiales en detrimento de nuestra vida social y afectiva, y eso pasa factura. Y el tiempo perdido no se puede comprar por mucho dinero que tengamos. Ni que decir tiene que la solución de muchos trastornos en niños pasa por el tratamiento previo a los padres, sin menoscabo de actuar sobre las conductas del menor, claro está, pero sin culpar tanto a un individuo, y entendiendo que muchas veces se trata de un problema en la familia, cuyo síntoma es el comportamiento del niño.
Un profesional, escuchando a toda la orquesta tocar, puede encontrar el instrumento que desafina. Pero, ¿y si lo que pasa es que cada miembro está tocando una partitura distinta?

Pd. El juego tiene una pequeña trampa. Mira el vídeo y obtendrás la solución.

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