John Rabe

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Este post es un modesto homenaje a John D. Rabe. Este hombre fue un industrial alemán, un disciplinado empleado de Siemens, un miembro del partido nazi y defensor de Hitler. Sin embargo, y a pesar de este currículum, se merece nuestro respeto y recuerdo.
Porque cuando las tropas japonesas invadieron China en 1937, y mientras los mandatarios, militares y autoridades civiles chinas abandonaban Nankin ante la inminente caída de la ciudad, este alemán duro de mollera pero grande de corazón, creó, con ayuda de unos pocos colaboradores también extranjeros, una Zona Segura donde acogió a casi 250.000 civiles, ancianos y niños, protegiéndolos de las violaciones y asesinatos sistemáticos que las tropas japonesas estaban cometiendo por donde quiera que pasaran.
Bueno, la historia es más compleja, y está explicada en bastantes sitios. Yo recomiendo echar un vistazo a la Biografía de John Rabe , y al artículo sobre la masacre de Nankín.
Rabe no fue un héroe. No se puede confiar en los héroes, porque hay héroes en todos los bandos. Lo que unos llaman héroe, otros lo pueden llamar loco o psicópata. Rabe sólo fue una buena persona. Y me hace pensar que en el Infierno también puede haber algún ángel, y en el Cielo puede esconderse algún demonio.
Al final, no son nuestras palabras ni nuestras intenciones las que nos definen. Tan sólo los hechos hablan de lo que somos.
A los John Rabe , a los John Magee , a los Schlinder , a los Sanz Briz… y a todos los miles de personas anónimas que hacen el bien tan sólo porque es lo correcto, a pesar de los problemas y disgustos que ello les conlleva, mi respeto y admiración. Esta canción, escrita por Silvio Rodríguez, alguien al otro extremo (tal vez en todos los sentidos) de John Rabe, creo que es apropiada en este momento.

 

 

La vergüenza

(Silvio Rodríguez, 1973)

Tengo una mesa
que me alimenta,
que a veces tiene
hasta de fiesta.
Mas si tuviera
sólo una araña
burlona en mi despensa,
tendría la vergüenza.
¿A qué más?

Tengo zapatos,
tengo camisa,
tengo sombrero,
tengo hasta risa.
Mas si tuviera
en mi ropero
sólo las perchas vacías,
la vergüenza tendría.
¿A qué más?

Tengo billetes como de octava clase,
pero así viajo: contento de ir de viaje,
pues para un viaje me basta con mis piernas,
viajo sin equipaje.

Más de una mano en lo oscuro me conforta
y más de un paso siento marchar conmigo,
pero si no tuviera, no importa:
sé que hay muertos que alumbran los caminos.

Tengo luz fría
y lavamanos,
cables, botones
casi humanos.
Pero si fuera,
ay, mi paisaje
sólo de ruinas intensas,
tendría la vergüenza.
¿A qué más?

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