Mirar para otro lado

El otro día vi un documental sobre las minas anti persona. Tengo la convicción de que quienes diseñan y construyen estos artefactos no son plenamente conscientes del sufrimiento que contribuyen a provocar. Una de las jugadas maestras de la sociedad occidental ha sido el zafarse del concepto de responsabilidad, dispersándolo entre la muchedumbre. A fin de cuentas, es el viejo adagio: divide y vencerás.

El hecho que de que nuestra responsabilidad en algunos hechos negativos sea compartida con millares de nuestros semejantes, no significa que sea menor. Si cuatro individuos raptan y asesinan a un ser querido, por poner un ejemplo extremo, ¿piensas que debería dividirse la condena entre cuatro? Al contrario, el que sea un grupo el que ataca hace que el hecho sea todavía más cobarde y atroz. En cambio, cuando se trata de contribuir a la exclusión social, a la pseudoesclavitud de otras personas en lugares lejanos (o quizá no tan lejanos), o simplemente a la degradación del medio ambiente, parece que nuestra culpa y nuestras responsabilidades quedan diluidas en el enorme número de implicados. No deja de ser curioso.

Otra cosa es nuestra capacidad de influencia. Es cierto que a menudo el porcentaje de cambio que provocarían nuestras acciones es tan insignificante que “no vale la pena actuar”.

Pero la pregunta que quiero llevar a tu mente hoy es: ¿y cómo sabes cual es el efecto de tus actos si no los llevas a cabo? Si te abstienes de reaccionar, es bastante previsible la consecuencia: nada ocurrirá. Pero si actúas, si de repente te rebelas contra lo que ves injusto, o actúas como te dicta tu conciencia y no tu acomodamiento, ¿quién te dice que tu gota no es la que derrama el vaso? ¿quién puede asegurar que tu grito no es el que despierta a un gigante dormido?Algunas lecturas interesantes:

El efecto mariposa.

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