EL VEGETARIANO O HISTORIA DE UNA IDA Y DE UNA VUELTA

“En un agujero en el suelo, vivía un Hobbit. (…) Ésta es la historia de cómo un Bolsón tuvo una aventura, y se encontró a sí mismo haciendo y diciendo cosas por completo inesperadas.”

J.R.R. Tolkien, El Hobbit


Dejé de comer carne allá por mayo de 2015 (tampoco pescado; por increíble que pueda parecerles a las docenas de personas que me lo han preguntado a lo largo de todos estos años, los peces también son animales). Tras varios meses de informarme en internet, leer el libro Comer animales, y visionar algunos documentales, como por ejemplo, Paredes de Cristal, algo cambió dentro de mí. Comencé a sentir bastante malestar ante la perspectiva de comer carne. Hubo otras razones, posiblemente más intelectuales, que apoyaron mi decisión, pero intuyo que fueron racionalizaciones post hoc. Eliminar la carne de mi dieta contribuiría a mejorar mi salud, y moralmente me sentiría más alineado con mis principios. Pero en el fondo, todo se reducía a que comer animales hacía que me sintiese mal.
Por entonces la causa del animalismo era algo bastante marginal, fundamentalmente apoyado por activistas con buenas intenciones y poco sentido de la realidad. Nunca he ejercido como activista y solo he tratado de vivir mi vida como mejor me ha parecido, sin tratar de influir más que con el ejemplo. Apenas había oferta de productos vegetarianos en el mercado, y pensé que consumir estos productos sería una buena forma de apoyar alternativas a la carne.
Ahora, ocho años después, he decidido volver a comer carne de animales. ¿La razón? De un tiempo a esta parte, he llegado a cansarme de tanta ideología irracional que, a mi modo de ver, ha contaminado en general al movimiento ecologista, y en particular al animalismo. Ya no siento que el vegetarianismo esté siendo una buena estrategia para luchar contra el maltrato de los animales criados para consumo humano, que es mi preocupación principal.
¿Qué pienso hacer en el futuro? Sigo pensando en que hay que esforzarse en proporcionar unas condiciones de vida dignas a los animales, tanto de consumo humano como de trabajo o compañía. Con el paso de los años, la conciencia sobre el bienestar animal ha aumentado. Quiero pensar que con mis compras y mis actitudes he contribuido a ello en una minúscula proporción. Del mismo modo, consumiré carne cuando lo considere oportuno, y mi objetivo es que esta carne pertenezca a animales que hayan sido tratados cumpliendo unos estándares de bienestar animal. Sé que para un vegetariano esto no es razonable. Yo también he pensado así, y nadie pudo convencerme de lo contrario, así que no lo intentaré. Se trata de un proceso personal en el que cada uno debe andar su propio camino.
Pero no todo es blanco o negro en esta vida. No se debe politizar todo, no es bueno vivir fuera de la realidad permanentemente, y no se puede imponer a los demás una idea por muy noble que sea ésta. Hemos que proteger a los animales porque estos no pueden hacerlo por sí mismos. Pero no hay que humanizarlos. El ser humano y sus capacidades son una excepción en la naturaleza. Para mí nuestra inteligencia no nos hace mejores ni peores que otros animales, solamente más poderosos. Si sabemos formar parte del ecosistema sin perjudicarlos y corrigiendo nuestros errores, podemos convivir con otros seres vivos y explotarlos igual que ellos se explotan entre sí y nos explotan a los humanos (aunque esto último se aplica solo en el caso de los gusanos y los gatos). Podemos legislar para limitar la explotación de animales y de otros recursos naturales, pero no creo que sea posible extirpar el egoísmo y la violencia de nuestro ADN. Como todos los animales, luchamos y matamos para sobrevivir y prevalecer, y nuestra grandeza como especie reside en que hemos sabido ponernos límites cada vez más estrictos, que nos separan de nuestra naturaleza instintiva. Tal vez en el futuro sea posible la utopía vegana, pero hoy en día, creo que es más práctico esforzarse en que los animales tengan una vida digna y una muerte incruenta que luchar por la liberación animal completa.
Si tienes una opinión distinta, o incluso si estás de acuerdo con estas palabras, te animo a guardarte tus comentarios para ti. No necesité de la aprobación de nadie antes, ni la necesito ahora, y tampoco tengo intención de debatir mis posturas. En estos años, ha sido muy pequeño el número de imbéciles que se han tomado la libertad de criticar cuando nadie les pidió su opinión, y bastante reducido el de pesados que, casi siempre desde el cariño, han tratado de convencerme de abandonar el vegetarianismo. Agradezco mucho a la inmensa mayoría de personas, omnívoros casi todos, que simplemente me han aceptado y respetado, e incluso se han esforzado adaptándose a mis restricciones alimentarias.

Te considero una gran persona, señor Bolsón, y te aprecio mucho; pero en última instancia, ¡eres solo un simple individuo en un mundo enorme!

¡Gracias al cielo! -dijo Bilbo riendo, y le pasó el pote de tabaco.

J.R.R. Tolkien, El Hobbit