Category: Personal

Este es un sitio web personal. Aunque mucho del material que publico está dirigido a estudiantes y profesionales, de vez en cuando escribo sobre asuntos personales porque me apetece. Si son útiles a alguien, tanto mejor, pero no es mi intención gustar ni disgustar a nadie. Tan solo son reflexiones sobre situaciones vitales. Totalmente subjetivas y, por tanto, totalmente cuestionables. Es más, ni siquiera yo estoy necesariamente de acuerdo con aquello que escribí en el pasado. Puedes llamarlo contradicción, yo lo llamo naturaleza humana. Aquél que tiene muy clara una idea de algo, posiblemente no tiene una idea muy clara de ello. Cada post fue escrito en un momento y bajo unas circunstancias concretas. Para complicarlo más si cabe, las entradas las escribo en un momento y luego son publicadas automáticamente en una fecha posterior. Otro tipo lo describió mejor hace mucho tiempo: “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.
Gracias por tu comprensión.

  • Adiós, Ubuntu, adiós

    Finalmente, tras un 2011 con poco tiempo disponible para correr riesgos informáticos, este largo puente me ha permitido hacer copia de seguridad de todos mis archivos y ponerme manos a la obra con las actualizaciones de mis sistemas operativos.

    Cuando era usuario exclusivo de Windows, acostumbraba a formatearlo y reinstalarlo todo dos veces al año. Windows —en parte por lo mal hecho que está y en parte por lo mal que lo solemos utilizar— acostumbra a ir acumulando archivos y claves de registro “basura” que, poco a poco, ralentizan el sistema y, sobre todo, lo hacen más incómodo de utilizar.

    Con Ubuntu todo esto cambió. El sistema, una vez aprendes a utilizarlo, es sólido como una roca; no te pide que lo reinicies ni te envía ventanas de error nunca. Al menos hasta hace un año. A partir de la versión 10.04 (las versiones de Ubuntu se renuevan dos veces al año, en abril y octubre: el primer número es el año y el segundo el mes), comencé a tener problemas. Tantos que, tras la actualización a la 10.10, tuve que volver a la versión 10.04. No me atreví con nuevas actualizaciones porque no me podía permitir perder datos ni tiempo, y tampoco podía formatear e instalar “en limpio”, que suele solucionar bastantes cosas.

    Cuando por fin pude permitirme hacerlo, el instalador del flamante Ubuntu 11.10 (Oneiric Ocelot) me lo puso difícil. Primero, no reconoció el teclado del portátil y no me dejó cambiarlo al español, lo cual complicó muchísimo la introducción de la contraseña del Wi-Fi. Después, se quedó colgado en dos ocasiones: una porque “no existe usuario root” y la otra sin dar explicaciones.

    Una hora colmó mi paciencia y me puse a buscar alternativas. Al final, me he inclinado por Linux Mint Debian Edition.

    Por ahora, casi todo ha funcionado a la perfección y a la primera. Sobre lo que funcione “a la segunda” versarán futuros posts. Hoy, día del tango, me despido de mi querido Ubuntu, al menos por un tiempo. No creo que este sea un adiós definitivo, aunque las polémicas novedades como Unity (que probé en la versión live y me convencen muy poco) han contribuido a mi decisión de cambiar de distribución. No podemos querer ser tan bonitos como Apple a costa de renunciar a ser tan buenos como Linux. Sobre todo, porque no hace falta.

    El próximo post de informática mostrará cómo dejar un Linux tan visualmente espectacular (o más) que un Mac. Hoy, os dejo con el maestro Goyeneche en un clásico. Como dice el Polaco: “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir…”

     

     

     

  • Hallelujah – Jeff Buckley

    Jeff Buckley está muerto. Y yo, en mi inmensa ignorancia, lo descubrí en 2009. Y desde ese momento, ya hay uno más en mi lista de personas a las que echo de menos. Jeff Buckley fue una estrella fugaz, un genio que dejó su huella en la historia de la música rock con sólo un álbum y, sobre todo, con la sobrecogedora versión del Hallelujah de Leonard Cohen que, como bien dice Lurrid en su web Letras-Traducidas.net:

    “Y si el maestro Leonard Cohen se lució al componerla, tendría que reconocer el canadiense que el día que lo hizo, quizá involuntariamente, lo hizo para que fuera cantada por el malogrado Jeff Buckley. Cuando sea mayor, si algún día hago una versión de algún tema, quiero que sea como la que hizo Jeff. Con el permiso de Cohen, el cantante estadounidense hizo suya la canción”.

    La traducción de esta canción es también mérito de Lurrid. Para conocer un poco más la figura de Jeff Buckley, recomiendo la excelente entrada de la Wikipedia.

    Pero dejémonos de cháchara. Amigos, con vosotros el gran Jeff Buckley, en paz descanse.

    He oído que existe un acorde secreto que David solía tocar, y que agradaba al Señor.
    Pero tú realmente no le das mucha importancia a la música, ¿verdad?
    Era algo así como la cuarta, la quinta, cae la menor y sube la mayor. El rey, confundido, componiendo un aleluya. Aleluya…

    Bueno, tu fe era fuerte, pero necesitabas una prueba.
    La viste bañarse en el tejado.
    Su belleza, y el brillo de la luna, te superaron.
    Te ató a la silla de su cocina.
    Rompió tu trono, y cortó tu pelo.
    Y de tus labios arrancó un aleluya. Aleluya…

    Cariño, ya he estado aquí antes.
    He visto esta habitación y he caminado sobre este suelo.
    Solía vivir solo antes de conocerte.
    He visto tu bandera sobre el arco de mármol, pero el amor no es una marcha victoriosa.
    Es un frío y roto aleluya. Aleluya…

    Bueno, hubo un tiempo en que me dejabas saber qué era lo que realmente sucedía allá abajo.
    Pero ahora nunca me lo enseñas.
    Pero recuerda cuando me uní a ti, cuando la paloma blanca volaba también,
    y cuando cada suspiro que dibujábamos era un aleluya. Aleluya…

    Bueno, quizá haya un dios allá arriba.
    Pero todo lo que he aprendido sobre el amor fue cómo dispararle a alguien que ha desenfundado más rápido.
    No es un lamento que oigas por la noche.
    No es nadie que haya visto la luz.
    Es un frío y roto aleluya. Aleluya…


    Original Lyrics:

    I heard there was a secret chord That David played and it pleased the Lord But you don’t really care for music, do you? Well it goes like this: the fourth, the fifth The minor fall and the major lift The baffled king composing Hallelujah Hallelujah…

    Well your faith was strong but you needed proof You saw her bathing on the roof Her beauty and the moonlight overthrew you She tied you to her kitchen chair She broke your throne and she cut your hair And from your lips she drew the Hallelujah Hallelujah…

    Baby I’ve been here before I’ve seen this room and I’ve walked this floor I used to live alone before I knew you I’ve seen your flag on the marble arch But love is not a victory march It’s a cold and it’s a broken Hallelujah Hallelujah…

    Well there was a time when you let me know What’s really going on below But now you never show that to me, do you? But remember when I moved in you And the holy dove was moving too And every breath we drew was Hallelujah Hallelujah…

    Well, maybe there’s a God above But all I’ve ever learned from love Was how to shoot somebody who outdrew you It’s not a cry that you hear at night It’s not somebody who’s seen the light It’s a cold and it’s a broken Hallelujah Hallelujah…


    La composición original es de Leonard Cohen, pero la letra está modificada por Buckley para esta versión.

  • Little Darling – The Gladiolas

    Con cierto rock and roll me pasa como con los políticos: al rato de escuchar, me entra dolor de cabeza. No es que no me guste; adoro el rock. Forma parte de la banda sonora de mi vida y, desde el R&B al thrash metal, escucho habitualmente todos los palos.

    Pero el rock ha estado muy vinculado a EE. UU. y, por ende, a su modo de ver las cosas tan… mercantil. Eso favoreció la proliferación de tanto material que es difícil no repetirse. Y en música, lo que me resulta más difícil de perdonar es la falta de originalidad. Tal vez por eso escucho tan poca música española.

    Descubrí esta cancioncita de The Diamonds enterrada en un recopilatorio de esos que compras de oferta en unos grandes almacenes. Me gusta la peculiar forma de cantar del solista y el sentido del humor que rezuma la canción.

    En realidad, esta canción es de The Gladiolas, un grupo de Carolina del Sur, EE. UU. Los Diamonds, canadienses y muy blanquitos ellos, se dedicaban por aquella época (1957) a hacer covers de canciones de grupos de negros. No voy a entrar a polemizar sobre el racismo que subyace a este hecho. El caso es que el autor de este temazo es Maurice Williams, solista y piano. Así, por el nombre igual no te suena, pero si te la tarareo

    The Gladiolas cambió (afortunadamente) su nombre a Maurice and the Zodiacs, pero eso es otra historia.

  • Se puede morir de amor.

    La reciente desaparición de Luciano Pavarotti me sirve de excusa para reflexionar sobre el talento. A menudo, ante la aparición de una estrella, el talento de su descubridor para encontrarla y crear las condiciones necesarias para que desarrolle su don resulta tan importante como las capacidades del propio sujeto. En el caso de Pavarotti, fue su propio padre; para otros, lo es un maestro o un cazatalentos profesional.

    Tan vital es contar con una figura de apoyo (“nadie es una isla en sí mismo…”) como evitar que nos afecte el juicio de los presuntos “expertos”, profesionales de la mediocridad que —entre su miedo a ayudar a gente que creen más dotada que ellos mismos y su deseo de mantener el status quo— constituyen un verdadero antídoto para el talento y la genialidad. En el fondo, todas estas actitudes no reflejan otra cosa que una profunda inseguridad. Pero escribiré de estas personas en otro post. Hoy quiero escribir sobre esas personas que marcan el destino de un genio.

    Se trata, en mi opinión, de una tarea dificilísima. La línea que separa al mentor que favorece el desarrollo de las capacidades de una persona (muchas veces desde su infancia) del dictador que obliga a alguien en situación de inferioridad a cumplir los sueños proyectados de otro, es muy débil. Extremadamente débil.

    Si alguien obliga a un niño a trabajar doce horas en una mina de carbón para subsistir, nos echamos las manos a la cabeza; pero cuando alguien somete a su hijo a horas de entrenamiento sin tregua para obtener una medalla o ser el primero de su clase, lo vemos como un padre abnegado.

    Todos deseamos que nuestros hijos tengan una vida exitosa. Pero ¿es lícito inculcarles nuestras obsesiones, nuestros sueños? ¿Queremos hijos con éxito o hijos con una vida feliz? ¿Quién tiene derecho a arrebatarle su infancia a un niño? Para una mente observadora, pocas personas carecen de talento. Una sociedad que prima a una persona que corre tras una pelota frente a una que dedica su vida a ayudar a sus semejantes no puede quejarse luego de la falta de valores de sus individuos.

    Como dije al principio del post, tan sólo planteo la reflexión. No tengo recetas y no puedo criticar a quien encuentra su vocación desde bien pequeño. Pero creo que “citius, altius, fortius” no es mejor que “cooperatio, aequans, amare”.

    Si a estas alturas se está preguntando sobre el título del post, le diré que se trata de una de las estrofas de “Una Furtiva Lágrima”, la preciosa aria de Donizetti que inmortalizó como nadie (o casi) Luciano Pavarotti. Pertenece a la ópera L’elisir d’amore. Pavarotti nos ha dejado en este año aciago, pero su obra permanecerá mientras exista la música.

    Aquí tienes el texto de la famosa aria de Donizetti con la codificación corregida, tanto en su italiano original como en tu traducción al castellano:


    Una furtiva lagrima

    (L’elisir d’amore)

    Una furtiva lagrima negli occhi suoi spuntò,
    quelle festose giovani invidiar sembrò.
    Che più cercando io vo?
    Che más cercando io vo?
    M’ama, sì, m’ama, lo vedo, lo vedo!
    Un solo istante i palpiti del suo bel cor sentir!
    I miei sospir confondere per poco ai suoi sospir!
    I palpiti, i palpiti sentir, confondere i miei coi suoi sospir!
    Cielo, si può morir…! Di più non chiedo, non chiedo.
    Ah! Cielo, si può, si può morir…!
    Di più non chiedo, non chiedo.
    Si può morir… Si può morir d’amor!


    Nemorino (Traducción)

    Una furtiva lágrima en sus ojos despuntó,
    a aquellas alegres jóvenes envidiar pareció.
    ¿Qué más buscando voy?
    ¿Qué más buscando voy?
    Me ama, sí, me ama, lo veo, lo veo.
    ¡Un solo instante los latidos de su hermoso corazón sentir!
    Mis suspiros confundir por poco con sus suspiros.
    Los latidos, los latidos sentir, ¡confundir los míos con sus suspiros!
    ¡Cielos, se puede morir…! No pido más, no pido.
    ¡Ah! ¡Cielos, se puede, se puede morir…! No pido más, no pido.
    Se puede morir… ¡Se puede morir de amor!

  • Que nadie duerma. In memoriam

    Hay personas que dejan una profunda huella en la vida de los demás. Hoy quiero hablaros de una de ellas. Esta mujer tuvo una vida anónima, como la de la inmensa mayoría de la humanidad. Anónima para todos excepto para cuantos tuvimos el privilegio de conocerla.

    A mí personalmente me enseñó algunas cosas importantes, como el amor a las plantas y a la música clásica, y que alguien dulce no necesariamente es una buena persona, ni las personas ariscas son necesariamente malas. Me descubrió que hay enormes tesoros ocultos en los lugares más insospechados, como bajo las tapas raídas de algunos libros baratos, o en los surcos de un viejo disco de 78 rpm. También me hizo saber que no estaba solo en el mundo. Que hay gente con la que siempre se puede contar.

    Hoy esa persona se ha marchado definitivamente, aunque hace mucho tiempo que su mente estaba lejos de todos nosotros. Aún entonces, cuando el Alzheimer la tenía atrapada en esos ovillos del olvido, cuando me veía sonreía y sus ojos volvían a brillar. Su mano arrugada sujetaba la mía con fuerza, y sin palabras, yo sabía que me estaba diciendo: “no recuerdo ya quién eres, pero sé que te quiero y que me quieres”. Me consta que no soy el único a quien le supo transmitir esas emociones.

    He vuelto a perder una madre, un dolor tan grande que sólo debería sufrirse una vez en la vida. Y sin embargo, lo único que siento es gratitud por haberla conocido.

    Esta es, para mi gusto, la mejor canción de amor de la historia de la música. Por eso, he querido dedicársela a mi tía Otilia. También esto me lo descubrió ella, y por ella, esta noche, que nadie duerma.

     


    “Nessun dorma” (Que nadie duerma)

    Aria del acto final de la ópera Turandot de Giacomo Puccini.

    Il principe ignoto

    Nessun dorma! Nessun dorma!

    Tu pure, o Principessa,
    Nella tua fredda stanza
    Guardi le stelle
    Che tremano d’amore e di speranza.
    Ma il mio mistero è chiuso in me, Il nome mio nessun saprà!
    Solo quando la luce splenderà, (Puccini: Sulla tua bocca lo dirò) Sulla tua bocca lo dirò fremente!… (Puccini: Quando la luce splenderà!)
    Ed il mio bacio scioglierà il silencio Che ti fa mia!…

    Voci di donne

    Il nome suo nessun saprà…
    E noi dovremo, ahimè, morir, morir!…

    Il principe ignoto

    Dilegua, o notte!…
    Tramontate, stelle!
    Tramontate, stelle!…
    All’alba vincerò! Vincerò! Vincerò!


  • Mamá

    Il Divo. Mamá
    Mamá, gracias por ser quien soy,
    gracias por todo lo que no soy.
    Perdóname por las palabras que quedaron sin decir,
    Por las veces que olvidé.

    Mamá, recuerda que toda mi vida,
    Me mostraste amor, te sacrificaste,
    Piensa en aquellos días de juventud,

    En cómo he cambiado
    En el camino.
    Y sé que creiste,
    Y sé que tuviste sueños,
    Y siento que me costara tanto tiempo ver
    Que estoy donde estoy gracias a tu verdad.
    Y te echo de menos, te echo de menos.

    Mamá perdóname por las veces que te hice llorar.
    Perdóname por no rectificar
    En todas las broncas que provoqué
    Y estaba equivocado.
    Seca tus lágrimas.
    Mamá espero que esto te haga sonreír
    Espero que estés contenta de la vida que llevo,
    En paz por cada elección que hice,
    De cómo he cambiado
    En el camino.
    Y sé que creíste en mis sueños,
    Y te lo debo todo a ti, mama.

    Te echo de menos.

    En memoria de Palmira Marín Piera. 26 septiembre 1927 – 9 febrero 2007

    Il divo – Mama
    Mama thank you for who I am
    Thank you for all the things I’m not
    Forgive me for the words unsaid
    For the times
    I forgot
    Mama remember all my life
    You showed me love,you sacrificed
    Think of those young and early days
    How I’ve changed
    Along the way
    And I know you believed
    And I know you had dreams
    And I’m sorry it took all this time to see
    That I am where I am because of your truth
    And I miss you , I miss you
    Mama forgive the times you cried
    Forgive me for not making right
    All of the storms I may have caused
    And I’ve been wrong
    Dry your eyes
    Mama I hope this makes you smile
    I hope you’re happy with my life
    At peace with every choice I made
    How I’ve changed
    Along the way
    And I know you believed in all of my dreams
    And I owe it all to you ,mama