Hay personas que dejan una profunda huella en la vida de los demás. Hoy quiero hablaros de una de ellas. Esta mujer tuvo una vida anónima, como la de la inmensa mayoría de la humanidad. Anónima para todos excepto para cuantos tuvimos el privilegio de conocerla.
A mí personalmente me enseñó algunas cosas importantes, como el amor a las plantas y a la música clásica, y que alguien dulce no necesariamente es una buena persona, ni las personas ariscas son necesariamente malas. Me descubrió que hay enormes tesoros ocultos en los lugares más insospechados, como bajo las tapas raídas de algunos libros baratos, o en los surcos de un viejo disco de 78 rpm. También me hizo saber que no estaba solo en el mundo. Que hay gente con la que siempre se puede contar.
Hoy esa persona se ha marchado definitivamente, aunque hace mucho tiempo que su mente estaba lejos de todos nosotros. Aún entonces, cuando el Alzheimer la tenía atrapada en esos ovillos del olvido, cuando me veía sonreía y sus ojos volvían a brillar. Su mano arrugada sujetaba la mía con fuerza, y sin palabras, yo sabía que me estaba diciendo: “no recuerdo ya quién eres, pero sé que te quiero y que me quieres”. Me consta que no soy el único a quien le supo transmitir esas emociones.
He vuelto a perder una madre, un dolor tan grande que sólo debería sufrirse una vez en la vida. Y sin embargo, lo único que siento es gratitud por haberla conocido.
Esta es, para mi gusto, la mejor canción de amor de la historia de la música. Por eso, he querido dedicársela a mi tía Otilia. También esto me lo descubrió ella, y por ella, esta noche, que nadie duerma.
“Nessun dorma” (Que nadie duerma)
Aria del acto final de la ópera Turandot de Giacomo Puccini.
Il principe ignoto
Nessun dorma! Nessun dorma!
Tu pure, o Principessa,
Nella tua fredda stanza
Guardi le stelle
Che tremano d’amore e di speranza.
Ma il mio mistero è chiuso in me, Il nome mio nessun saprà!
Solo quando la luce splenderà, (Puccini: Sulla tua bocca lo dirò) Sulla tua bocca lo dirò fremente!… (Puccini: Quando la luce splenderà!)
Ed il mio bacio scioglierà il silencio Che ti fa mia!…
Voci di donne
Il nome suo nessun saprà…
E noi dovremo, ahimè, morir, morir!…
Il principe ignoto
Dilegua, o notte!…
Tramontate, stelle!
Tramontate, stelle!…
All’alba vincerò! Vincerò! Vincerò!
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