2014 comenzó para mi familia de la peor forma imaginable: con la inesperada pérdida de un ser querido, mi primo Edgar. No me he sentido hasta hoy con fuerzas para escribir sobre ello. Sobre sus padres se abatió una desdicha infinita. Nada en este mundo debe provocar más dolor que perder a un hijo. Hasta que no eres padre no tomas conciencia de que un hijo no es solo un ser querido, ni alguien que depende de ti. Un hijo no es el otro. Tu hijo es parte de ti, una parte esencial. No estamos preparados para un trance así. No podemos, no debemos estarlo.
La ciencia y la experiencia me han enseñado que todo dolor, toda angustia, terminan por ceder, y la vida sigue pese a que hoy parezca imposible. Desde luego, nada llenará el espacio que Edgar ocupa en nuestros corazones, ni suplirá el vacío de su ausencia, pero espero que el tiempo cicatrice la enorme herida que su partida ha dejado, y algún día podamos mirar atrás y celebrar su vida en vez de llorar su pérdida. Alegrarnos de haberle conocido, de los momentos que compartimos con él, que harán que siga existiendo para siempre en nuestra memoria.
Mientras tanto, seguiremos caminando con la pesada carga del vacío. No tengo el ánimo muy propicio para cantar, pero este poema musicalizado de Leonard Cohen ha llevado algo de sosiego a mi alma, y por eso lo comparto con vosotros.
If it be your will (Leonard Cohen)
If it be your will
That I speak no more
And my voice be still
As it was before
I will speak no more
I shall abide until
I am spoken for
If it be your will
If it be your will
That a voice be true
From this broken hill
I will sing to you
From this broken hill
All your praises they shall ring
If it be your will
To let me sing
From this broken hill
All your praises they shall ring
If it be your will
To let me sing
If it be your will
If there is a choice
Let the rivers fill
Let the hills rejoice
Let your mercy spill
On all these burning hearts in hell
If it be your will
To make us well
And draw us near
And bind us tight
All your children here
In their rags of light
In our rags of light
All dressed to kill
And end this night
If it be your will
Este post habla del fracaso, de la decepción. Normalmente, cuando vemos a alguien que obtiene el éxito en aquello que se ha propuesto, solo vemos las burbujas del cava y los flashes de las fotos. Pero el dolor, el miedo a fracasar, el cansancio y la sensación de que no puedes más, eso queda en la trastienda. Y eso existe, es así aunque seas un Fernando Alonso, un Pau Gassol o un anónimo estudiante de secundaria. De modo que no olvides que perder también es parte del proceso de triunfar. Caemos para aprender a levantarnos. Y es en los momentos más duros cuando sale lo mejor (y si lo permitimos, lo peor) de nosotros mismos.
La crisis sirve para apreciar lo que realmente importa en la vida, para valorar lo que tenemos de bueno, y para conocernos mejor a nosotros mismos. Es la oportunidad de descubrir nuestras debilidades y trabajar en ellas. Podemos mirar más allá de la fachada y comprobar el estado de los cimientos.
Una crisis es la manera que el mundo tiene de hacernos poner los pies en el suelo, y volver a caminar con firmeza. Los ingleses tienen un dicho para estas situaciones: When the going gets tough, the tough get going, que viene a significar que cuando la marcha se pone dura, los duros se ponen en marcha.
Yo uso uno menos elaborado pero creo que igualmente válido: vivir es resistir.
No te rindas (Peter Gabriel)
En esta tierra orgullosa crecimos fuertes,
Éramos queridos por todos;
me enseñaron a pelear, me enseñaron a vencer,
nunca pensé que podía fallar.
Ahora no queda nada por lo que pelear, o eso parece,
soy un hombre cuyos sueños le han abandonado;
he cambiado de rostro, he cambiado de nombre,
pero nadie te quiere cuando fracasas.
No te rindas,
porque tienes amigos.
No te rindas,
todavía no estás vencido.
No te rindas,
sé que puedes hacerlo bien.
Pese a que lo he visto en todas partes,
nunca pensé que podrÃa pasarme a mí,
pensé que serÃíamos los últimos en marcharnos.
Es tan extraño el modo en que las cosas cambian
Conduje toda la noche hacia casa,
el lugar donde nací, en la orilla del lago.
Conforme el alba rompía vi la tierra;
los árboles habían ardido.
No te rindas,
todavía nos tienes a nosotros.
No te rindas,
no necesitaremos mucho,
No te rindas,
porque en alguna parte hay un lugar
al que pertenecemos.
Descansa tu cabeza,
te preocupas demasiado.
Las cosas mejorarán.
Si vienen malos tiempos
podrás recurrir a nosotros.
No te rindas,
por favor, no te rindas.
Tengo que largarme de aquí,
ya no aguanto más.
Voy a pararme en ese puente,
y miraré fijo hacia abajo,
venga lo que venga,
pase lo que pase,
ese río seguirá fluyendo,
ese río seguirá fluyendo.
Me fui a otro pueblo,
trabajé duro para establecerme.
Para cada trabajo, tantos hombres,
tantos hombres que nadie necesita.
No te des por vencido,
Porque tienes amigos.
No te rindas,
No eres el único.
No te des por vencido,
No hay razón para avergonzarse.
No te rindas,
Aún nos tienes a nosotros.
No te rindas ahora,
Estamos orgullosos de lo que eres.
No te des por vencido,
Sabes que nunca ha sido fácil.
No te des por vencido,
Porque creo que hay un lugar,
Hay un lugar al cual pertenecemos.
Don’t give up (Peter Gabriel)
In this proud land we grew up strong
We were wanted all along
I was taught to fight, taught to win
I never thought I could fail
No fight left or so it seems
I am a man whose dreams have all deserted
I’ve changed my face, I’ve changed my name
But no one wants you when you lose
Don’t give up
‘cos you have friends
Don’t give up
You’re not beaten yet
Don’t give up
I know you can make it good
Though I saw it all around
Never thought I could be affected
Thought that we’d be the last to go
It is so strange the way things turn
Drove the night toward my home
The place that I was born, on the lakeside
As daylight broke, I saw the earth
The trees had burned down to the ground
Don’t give up
You still have us
Don’t give up
We don’t need much of anything
Dont give up’
’cause somewhere there’s a place
Where we belong
Rest your head
You worry too much
It’s going to be alright
When times get rough
You can fall back on us
Don’t give up
Please don’t give up
I’ve got to walk out of here
I can’t take anymore
Going to stand on that bridge
Keep my eyes down below
Whatever may come
And whatever may go
That river’s flowing
That river’s flowing
Moved on to another town
Tried hard to settle down
For every job, so many men
So many men no-one needs
Don’t give up
’cause you have friends
Don’t give up
You’re not the only one
Don’t give up
No reason to be ashamed
Don’t give up
You still have us
Don’t give up now
We’re proud of who you are
Don’t give up
You know it’s never been easy
Don’t give up
’cause I believe there’s a place
There’s a place where we belong
Finalmente, tras un 2011 con poco tiempo disponible para correr riesgos informáticos, este largo puente me ha permitido hacer copia de seguridad de todos mis archivos y ponerme manos a la obra con las actualizaciones de mis sistemas operativos.
Cuando era usuario exclusivo de Windows, acostumbraba a formatearlo y reinstalarlo todo dos veces al año. Windows —en parte por lo mal hecho que está y en parte por lo mal que lo solemos utilizar— acostumbra a ir acumulando archivos y claves de registro “basura” que, poco a poco, ralentizan el sistema y, sobre todo, lo hacen más incómodo de utilizar.
Con Ubuntu todo esto cambió. El sistema, una vez aprendes a utilizarlo, es sólido como una roca; no te pide que lo reinicies ni te envía ventanas de error nunca. Al menos hasta hace un año. A partir de la versión 10.04 (las versiones de Ubuntu se renuevan dos veces al año, en abril y octubre: el primer número es el año y el segundo el mes), comencé a tener problemas. Tantos que, tras la actualización a la 10.10, tuve que volver a la versión 10.04. No me atreví con nuevas actualizaciones porque no me podía permitir perder datos ni tiempo, y tampoco podía formatear e instalar “en limpio”, que suele solucionar bastantes cosas.
Cuando por fin pude permitirme hacerlo, el instalador del flamante Ubuntu 11.10 (Oneiric Ocelot) me lo puso difícil. Primero, no reconoció el teclado del portátil y no me dejó cambiarlo al español, lo cual complicó muchísimo la introducción de la contraseña del Wi-Fi. Después, se quedó colgado en dos ocasiones: una porque “no existe usuario root” y la otra sin dar explicaciones.
Una hora colmó mi paciencia y me puse a buscar alternativas. Al final, me he inclinado por Linux Mint Debian Edition.
Por ahora, casi todo ha funcionado a la perfección y a la primera. Sobre lo que funcione “a la segunda” versarán futuros posts. Hoy, día del tango, me despido de mi querido Ubuntu, al menos por un tiempo. No creo que este sea un adiós definitivo, aunque las polémicas novedades como Unity (que probé en la versión live y me convencen muy poco) han contribuido a mi decisión de cambiar de distribución. No podemos querer ser tan bonitos como Apple a costa de renunciar a ser tan buenos como Linux. Sobre todo, porque no hace falta.
El próximo post de informática mostrará cómo dejar un Linux tan visualmente espectacular (o más) que un Mac. Hoy, os dejo con el maestro Goyeneche en un clásico. Como dice el Polaco: “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir…”
Jeff Buckley está muerto. Y yo, en mi inmensa ignorancia, lo descubrí en 2009. Y desde ese momento, ya hay uno más en mi lista de personas a las que echo de menos. Jeff Buckley fue una estrella fugaz, un genio que dejó su huella en la historia de la música rock con sólo un álbum y, sobre todo, con la sobrecogedora versión del Hallelujah de Leonard Cohen que, como bien dice Lurrid en su web Letras-Traducidas.net:
“Y si el maestro Leonard Cohen se lució al componerla, tendría que reconocer el canadiense que el día que lo hizo, quizá involuntariamente, lo hizo para que fuera cantada por el malogrado Jeff Buckley. Cuando sea mayor, si algún día hago una versión de algún tema, quiero que sea como la que hizo Jeff. Con el permiso de Cohen, el cantante estadounidense hizo suya la canción”.
La traducción de esta canción es también mérito de Lurrid. Para conocer un poco más la figura de Jeff Buckley, recomiendo la excelente entrada de la Wikipedia.
Pero dejémonos de cháchara. Amigos, con vosotros el gran Jeff Buckley, en paz descanse.
He oído que existe un acorde secretoque David solía tocar, y que agradaba al Señor. Pero tú realmente no le das muchaimportancia a la música, ¿verdad? Era algo así como la cuarta, la quinta,cae la menor y sube la mayor.El rey, confundido, componiendo un aleluya.Aleluya…
Bueno, tu fe era fuerte, pero necesitabas una prueba. La viste bañarse en el tejado. Su belleza, y el brillo de la luna, te superaron. Te ató a la silla de su cocina. Rompió tu trono, y cortó tu pelo. Y de tus labios arrancó un aleluya. Aleluya…
Cariño, ya he estado aquí antes. He visto esta habitación y he caminado sobre este suelo. Solía vivir solo antes de conocerte. He visto tu bandera sobre el arco de mármol,pero el amor no es una marcha victoriosa. Es un frío y roto aleluya.Aleluya…
Bueno, hubo un tiempo en que me dejabas saberqué era lo que realmente sucedía allá abajo. Pero ahora nunca me lo enseñas. Pero recuerda cuando me uní a ti,cuando la paloma blanca volaba también, y cuando cada suspiro que dibujábamos era un aleluya. Aleluya…
Bueno, quizá haya un dios allá arriba. Pero todo lo que he aprendido sobre el amor fue cómo dispararle a alguien que ha desenfundado más rápido. No es un lamento que oigas por la noche. No es nadie que haya visto la luz. Es un frío y roto aleluya. Aleluya…
Original Lyrics:
I heard there was a secret chord That David played and it pleased the Lord But you don’t really care for music, do you?Well it goes like this: the fourth, the fifthThe minor fall and the major liftThe baffled king composing HallelujahHallelujah…
Well your faith was strong but you needed proofYou saw her bathing on the roofHer beauty and the moonlight overthrew youShe tied you to her kitchen chairShe broke your throne and she cut your hairAnd from your lips she drew the HallelujahHallelujah…
Baby I’ve been here beforeI’ve seen this room and I’ve walked this floorI used to live alone before I knew youI’ve seen your flag on the marble archBut love is not a victory marchIt’s a cold and it’s a broken HallelujahHallelujah…
Well there was a time when you let me knowWhat’s really going on belowBut now you never show that to me, do you?But remember when I moved in youAnd the holy dove was moving tooAnd every breath we drew was HallelujahHallelujah…
Well, maybe there’s a God aboveBut all I’ve ever learned from loveWas how to shoot somebody who outdrew youIt’s not a cry that you hear at nightIt’s not somebody who’s seen the light It’s a cold and it’s a broken Hallelujah Hallelujah…
La composición original es de Leonard Cohen, pero la letra está modificada por Buckley para esta versión.
Con cierto rock and roll me pasa como con los políticos: al rato de escuchar, me entra dolor de cabeza. No es que no me guste; adoro el rock. Forma parte de la banda sonora de mi vida y, desde el R&B al thrash metal, escucho habitualmente todos los palos.
Pero el rock ha estado muy vinculado a EE. UU. y, por ende, a su modo de ver las cosas tan… mercantil. Eso favoreció la proliferación de tanto material que es difícil no repetirse. Y en música, lo que me resulta más difícil de perdonar es la falta de originalidad. Tal vez por eso escucho tan poca música española.
Descubrí esta cancioncita de The Diamondsenterrada en un recopilatorio de esos que compras de oferta en unos grandes almacenes. Me gusta la peculiar forma de cantar del solista y el sentido del humor que rezuma la canción.
En realidad, esta canción es de The Gladiolas, un grupo de Carolina del Sur, EE. UU. Los Diamonds, canadienses y muy blanquitos ellos, se dedicaban por aquella época (1957) a hacer covers de canciones de grupos de negros. No voy a entrar a polemizar sobre el racismo que subyace a este hecho. El caso es que el autor de este temazo es Maurice Williams, solista y piano. Así, por el nombre igual no te suena, pero si te la tarareo…
The Gladiolas cambió (afortunadamente) su nombre a Maurice and the Zodiacs, pero eso es otra historia.
La reciente desaparición de Luciano Pavarotti me sirve de excusa para reflexionar sobre el talento. A menudo, ante la aparición de una estrella, el talento de su descubridor para encontrarla y crear las condiciones necesarias para que desarrolle su don resulta tan importante como las capacidades del propio sujeto. En el caso de Pavarotti, fue su propio padre; para otros, lo es un maestro o un cazatalentos profesional.
Tan vital es contar con una figura de apoyo (“nadie es una isla en sí mismo…”) como evitar que nos afecte el juicio de los presuntos “expertos”, profesionales de la mediocridad que —entre su miedo a ayudar a gente que creen más dotada que ellos mismos y su deseo de mantener el status quo— constituyen un verdadero antídoto para el talento y la genialidad. En el fondo, todas estas actitudes no reflejan otra cosa que una profunda inseguridad. Pero escribiré de estas personas en otro post. Hoy quiero escribir sobre esas personas que marcan el destino de un genio.
Se trata, en mi opinión, de una tarea dificilísima. La línea que separa al mentor que favorece el desarrollo de las capacidades de una persona (muchas veces desde su infancia) del dictador que obliga a alguien en situación de inferioridad a cumplir los sueños proyectados de otro, es muy débil. Extremadamente débil.
Si alguien obliga a un niño a trabajar doce horas en una mina de carbón para subsistir, nos echamos las manos a la cabeza; pero cuando alguien somete a su hijo a horas de entrenamiento sin tregua para obtener una medalla o ser el primero de su clase, lo vemos como un padre abnegado.
Todos deseamos que nuestros hijos tengan una vida exitosa. Pero ¿es lícito inculcarles nuestras obsesiones, nuestros sueños? ¿Queremos hijos con éxito o hijos con una vida feliz? ¿Quién tiene derecho a arrebatarle su infancia a un niño? Para una mente observadora, pocas personas carecen de talento. Una sociedad que prima a una persona que corre tras una pelota frente a una que dedica su vida a ayudar a sus semejantes no puede quejarse luego de la falta de valores de sus individuos.
Como dije al principio del post, tan sólo planteo la reflexión. No tengo recetas y no puedo criticar a quien encuentra su vocación desde bien pequeño. Pero creo que “citius, altius, fortius” no es mejor que “cooperatio, aequans, amare”.
Si a estas alturas se está preguntando sobre el título del post, le diré que se trata de una de las estrofas de “Una Furtiva Lágrima”, la preciosa aria de Donizetti que inmortalizó como nadie (o casi) Luciano Pavarotti. Pertenece a la ópera L’elisir d’amore. Pavarotti nos ha dejado en este año aciago, pero su obra permanecerá mientras exista la música.
Aquí tienes el texto de la famosa aria de Donizetti con la codificación corregida, tanto en su italiano original como en tu traducción al castellano:
Una furtiva lagrima
(L’elisir d’amore)
Una furtiva lagrima negli occhi suoi spuntò, quelle festose giovani invidiar sembrò. Che più cercando io vo? Che más cercando io vo? M’ama, sì, m’ama, lo vedo, lo vedo! Un solo istante i palpiti del suo bel cor sentir! I miei sospir confondere per poco ai suoi sospir! I palpiti, i palpiti sentir, confondere i miei coi suoi sospir! Cielo, si può morir…! Di più non chiedo, non chiedo. Ah! Cielo, si può, si può morir…! Di più non chiedo, non chiedo. Si può morir… Si può morir d’amor!
Nemorino (Traducción)
Una furtiva lágrima en sus ojos despuntó, a aquellas alegres jóvenes envidiar pareció. ¿Qué más buscando voy? ¿Qué más buscando voy? Me ama, sí, me ama, lo veo, lo veo. ¡Un solo instante los latidos de su hermoso corazón sentir! Mis suspiros confundir por poco con sus suspiros. Los latidos, los latidos sentir, ¡confundir los míos con sus suspiros! ¡Cielos, se puede morir…! No pido más, no pido. ¡Ah! ¡Cielos, se puede, se puede morir…! No pido más, no pido. Se puede morir… ¡Se puede morir de amor!
Hay personas que dejan una profunda huella en la vida de los demás. Hoy quiero hablaros de una de ellas. Esta mujer tuvo una vida anónima, como la de la inmensa mayoría de la humanidad. Anónima para todos excepto para cuantos tuvimos el privilegio de conocerla.
A mí personalmente me enseñó algunas cosas importantes, como el amor a las plantas y a la música clásica, y que alguien dulce no necesariamente es una buena persona, ni las personas ariscas son necesariamente malas. Me descubrió que hay enormes tesoros ocultos en los lugares más insospechados, como bajo las tapas raídas de algunos libros baratos, o en los surcos de un viejo disco de 78 rpm. También me hizo saber que no estaba solo en el mundo. Que hay gente con la que siempre se puede contar.
Hoy esa persona se ha marchado definitivamente, aunque hace mucho tiempo que su mente estaba lejos de todos nosotros. Aún entonces, cuando el Alzheimer la tenía atrapada en esos ovillos del olvido, cuando me veía sonreía y sus ojos volvían a brillar. Su mano arrugada sujetaba la mía con fuerza, y sin palabras, yo sabía que me estaba diciendo: “no recuerdo ya quién eres, pero sé que te quiero y que me quieres”. Me consta que no soy el único a quien le supo transmitir esas emociones.
He vuelto a perder una madre, un dolor tan grande que sólo debería sufrirse una vez en la vida. Y sin embargo, lo único que siento es gratitud por haberla conocido.
Esta es, para mi gusto, la mejor canción de amor de la historia de la música. Por eso, he querido dedicársela a mi tía Otilia. También esto me lo descubrió ella, y por ella, esta noche, que nadie duerma.
“Nessun dorma” (Que nadie duerma)
Aria del acto final de la ópera Turandot de Giacomo Puccini.
Il principe ignoto
Nessun dorma! Nessun dorma!
Tu pure, o Principessa, Nella tua fredda stanza Guardi le stelle Che tremano d’amore e di speranza. Ma il mio mistero è chiuso in me,Il nome mio nessun saprà! Solo quando la luce splenderà, (Puccini: Sulla tua bocca lo dirò)Sulla tua bocca lo dirò fremente!… (Puccini: Quando la luce splenderà!) Ed il mio bacio scioglierà il silencio Che ti fa mia!…
Voci di donne
Il nome suo nessun saprà… E noi dovremo, ahimè, morir, morir!…
Il Divo. Mamá
Mamá, gracias por ser quien soy,
gracias por todo lo que no soy.
Perdóname por las palabras que quedaron sin decir,
Por las veces que olvidé.
Mamá, recuerda que toda mi vida,
Me mostraste amor, te sacrificaste,
Piensa en aquellos días de juventud,
En cómo he cambiado
En el camino.
Y sé que creiste,
Y sé que tuviste sueños,
Y siento que me costara tanto tiempo ver
Que estoy donde estoy gracias a tu verdad.
Y te echo de menos, te echo de menos.
Mamá perdóname por las veces que te hice llorar.
Perdóname por no rectificar
En todas las broncas que provoqué
Y estaba equivocado.
Seca tus lágrimas.
Mamá espero que esto te haga sonreír
Espero que estés contenta de la vida que llevo,
En paz por cada elección que hice,
De cómo he cambiado
En el camino.
Y sé que creíste en mis sueños,
Y te lo debo todo a ti, mama.
Te echo de menos.
En memoria de Palmira Marín Piera. 26 septiembre 1927 – 9 febrero 2007
Il divo – Mama
Mama thank you for who I am
Thank you for all the things I’m not
Forgive me for the words unsaid
For the times
I forgot
Mama remember all my life
You showed me love,you sacrificed
Think of those young and early days
How I’ve changed
Along the way
And I know you believed
And I know you had dreams
And I’m sorry it took all this time to see
That I am where I am because of your truth
And I miss you , I miss you
Mama forgive the times you cried
Forgive me for not making right
All of the storms I may have caused
And I’ve been wrong
Dry your eyes
Mama I hope this makes you smile
I hope you’re happy with my life
At peace with every choice I made
How I’ve changed
Along the way
And I know you believed in all of my dreams
And I owe it all to you ,mama